Habilidades Personales
Pensamiento científico

La clave del éxito al emprender: el pensamiento científico

¿Quieres conseguir tus objetivos a la hora de emprender? ¿Estás pensando en dar una vuelta de tuerca a tu proyecto para que se convierta en tu futuro profesional? Si la respuesta es sí, la receta es la Ciencia. No hablamos de encerrarte en un laboratorio para mezclar líquidos en tubos de ensayo hasta dar con la fórmula que te asegure la viabilidad de una idea, sino de adoptar los parámetros de pensamiento de la comunidad científica. Es lo que propone el libro “Think Again”, de Adam Grant.

El autor recoge un estudio llevado a cabo en la Universidad Bocconi de Milán (“Un acercamiento científico a la toma de decisiones emprendedoras: evidencias de un ensayo de control aleatorio”, de Arnaldo Camuffo, Alessandro Cordova, Alfonso Gambardella y Chiara Spina), cuyas conclusiones quizá hagan saltar por los aires todo lo que pensabas sobre emprendimiento. Como mínimo, te replantearás muchas cosas sin dejar de creer en ti mismo y esta etapa de tu vida es perfecta para hacerlo. Eso es, precisamente, lo que propone Grant.

Imagina que llegas a la ciudad italiana con el fin de tomar parte en un programa de formación sobre emprendimiento. Durante cuatro meses, aprendes a crear una estrategia de negocio, entrevistar clientes, construir un producto viable. Pero hay una cosa que no sabes: los participantes habéis sido asignados al azar a grupos diferentes.

El primero es un “grupo científico”; el segundo, uno de control. Los estudios han sido similares para ambos, pero los integrantes del primero se han visto animados a mirar las startups desde el pensamiento científico. Es decir:

  1. La estrategia es teoría.
  2. Las entrevistas con la clientela ayudan a desarrollar hipótesis.
  3. Un producto o prototipo mínimamente viable es un experimento que testea dichas hipótesis.

Este escenario obliga a medir los resultados de forma rigurosa y a tomar decisiones basadas en la confirmación o refutación de las hipótesis. Y eso lleva a que las diferencias entre el rendimiento empresarial de ambos grupos sean… abismales.

 

Conclusiones: 250 euros vs. 9.850 

Durante el año siguiente a este estudio, las startups del colectivo que se formó en el grupo de control tuvieron un beneficio medio de unos 300 dólares (menos de 250 euros). Los proyectos del “grupo científico” se movieron en los 12.000 dólares (unos 9.850 euros); esos resultados llegaron, además, el doble de rápido, y sus startups atrajeron clientes antes. ¿Por qué?

Los emprendedores del grupo de control, en líneas generales, se ciñeron a su primera estrategia y producto: las decisiones acertadas que habían tomado eran virtudes sobre las que predicaban. Sin embargo, las personas animadas a pensar como la comunidad científica modificaban su rumbo, pivotaban con una frecuencia superior al doble: cuando sus hipótesis no se sustentaban, sabían que era el momento de cambiar el modelo de negocio. “Si el conocimiento es poder, ser conscientes de que no conocemos es sabiduría”. El “solo sé que no sé nada” de toda la vida, en las palabras de Adam Grant.

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