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10 soft skills para empezar a emprender… o no

Según el World Economic Forum, las tecnologías inteligentes necesitan de las habilidades “blandas”, también llamadas no técnicas o “soft skills”, aquellas que permiten a las personas interactuar de forma cooperativa y eficaz con otras y que son vitales para las organizaciones: habilidades sociales y emocionales que las máquinas (que se basan en tareas más manuales y tareas cognitivas básicas) no pueden tener. Por eso las empresas necesitan personas que no solo sean competentes técnicamente hablando, sino colaborativas, creativas, con pensamiento crítico, habilidades comunicativas…

 

1. Iniciativa, proactividad y detección de oportunidades

Ser curioso, tener iniciativa y detectar oportunidades de mejora, de sinergias, de aprovechamiento de recursos… es algo sin lo que un emprendedor no puede pasar.

Pero no solo es útil a la hora de identificar pains del cliente, nichos de mercado, o potenciales colaboraciones entre otros, sino que es realmente beneficioso también cuando se trabaja por cuenta ajena: aportar espacios de mejora se lleva haciendo en la empresa desde que los japoneses dieron con el concepto de “Kaizen” en los años 50. Dar con soluciones a problemas del día a día te convertirá en una pieza clave dentro del equipo.

2. Creatividad, fusión de ideas

Te hemos hablado muchas veces sobre la creatividad, un concepto clave para cualquier persona que quiera emprender. La creatividad no tiene por qué ser crear algo nuevo de cero, sino combinar diferentes ideas ya existentes de una forma diferente para dar con nuevos conceptos. (Y si no, que se lo digan a Rosalía, cuyo éxito, entre otras cosas, radica en la fusión de estilos aparentemente inconexos).

En definitiva, pensar “fuera de la caja” te puede traer muchos beneficios, emprendiendo como trabajando para otros (“¿Esa propuesta es de Gómez?”). No te conformes y pienses que no eres una persona creativa, porque esto es un músculo: cuanto más se ejercita más se tiene, así que… ¡inspírate!

3. Colaboración, equipo, diversidad

La frase “la unión hace la fuerza”, lejos de ser un cliché, es más real que nunca. Cada vez las empresas van siendo más conscientes de que los equipos diversos trabajando en armonía consiguen hacer magia y llegar más lejos. La diversidad aporta diferentes backgrounds y puntos de vista que enriquecen los resultados de la empresa y se complementan unos a otros.

Tu capacidad de trabajar en equipo compartiendo misión y visión con tus compañeros siempre hará que la fuerza te acompañe: por eso debes ejercitar la empatía y el respeto, sin los cuales ninguna colaboración da buenos resultados.

4. Valores y sostenibilidad

Dicen los coaches y expertos en programación neurolingüística (PNL) que tus acciones deben ser coherentes con tu filosofía y tus valores. Por lo tanto, será imprescindible que aquello a lo que te dediques, bien sea emprendiendo o trabajando para otros, esté alineado con tu forma de vida, de esa forma entrarás en un estado de flujo.

Cuando trabajes para una empresa o te dediques a tu propio proyecto, también deberás considerar por qué valores se guía tu empleador o cuáles son los fundamentos de tu startup que no van a cambiar pase lo que pase: sostenibilidad, impacto social, igualdad

5. Planificación y gestión de recursos

En tu carrera profesional vas a tener que organizarte SÍ O SÍ: si emprendes, necesitarás planificar, asignar y gestionar todos los recursos de tu startup, tanto materiales como inmateriales. Saber al dedillo cuánto te cuesta cada cosa, cuándo tienes que pagar a proveedores, cuándo es hora de cobrar, hacer seguimientos…

Si trabajas por cuenta ajena es igual de importante estructurar tu tiempo y planificar tu día, tu semana, tu mes e incluso tu semestre o año, dependiendo del proyecto, para aprovecharlo al máximo, intentando alinear las tareas más difíciles con tus momentos y estados más productivos.  Una buena planificación es clave para una buena ejecución.

6. Flexibilidad y adaptabilidad

Las circunstancias cambian (hoy  en día más que nunca; todos lo hemos vivido). Una startup tiene que adaptarse a esos cambios, y no solo adaptarse al medio, sino incluso adelantarse a futuras situaciones para dar respuesta a las necesidades de las personas. El emprendedor debe ser ágil por definición, pivotar y no tener miedo al cambio, sino sentirse cómodo sintiendo el vértigo de la incertidumbre.

Pero si trabajas por cuenta ajena también debes tener ese espíritu y actitud flexible: las circunstancias dentro de una empresa también evolucionan, y puedes verte haciendo otras tareas, trabajando en un equipo diferente, con otros clientes, o incluso en otro departamento. Por eso debes ejercitarte en acoger los cambios en vez de temerlos. Una idea es pensar en las oportunidades que puede traerte el trabajar con nuevas personas, cambiar de aires y retarte a ti mismo aprendiendo nuevas tareas.

7. Comunicación, negociación

Como decíamos antes, sin empatía y respeto no hay comunicación. Sin comunicación tampoco hay negociación.

Por eso si emprendes debes ejercitar mucho tu forma de comunicar: interna, de liderazgo, de cooperación entre compañeros, pero también externa: de venta al cliente, de negociación de acuerdos con tus stakeholders, de acciones de marketing inbound y outbound, de pitch a potenciales inversores… pero también es importantísima para comunicarte con tus colegas, tus jefes y tus subordinados si trabajas por cuenta ajena.

Recuerda que tu forma de comunicar habla por ti y puedes ejercitarla para hacerla más eficaz. No te olvides de aderezarla con grandes dosis de empatía y con storytelling para conectar mejor con tu público.

8. Motivación y perseverancia

Saber cuándo retirarse a tiempo puede ser una victoria, pero lo que está claro es que desesperar y rendirse a la primera tampoco es la mejor opción.

El buen perfil emprendedor es la persona que sabe mantenerse de pie ante la adversidad, tener determinación para seguir adelante con su misión y su visión y que no se achica si tropieza y cae una vez.

De hecho, los mejores emprendedores no lo han conseguido con su primer proyecto, sino que de lo aprendido de los errores en aventuras anteriores han conseguido levantar sus startups sostenibles.

9. Capacidad de análisis y de síntesis

Cuando trabajas en una empresa necesitas ir al detalle: establecerte unos objetivos, generar unas acciones, hacer un seguimiento de ellas y analizar los resultados de cada una. Tras el análisis de esos resultados entenderás si debes seguir con las mismas acciones o mejorarlas, añadir nuevas, eliminar alguna… Así el círculo se repite y sucede la mejora continua.

Pero también trabajando por cuenta ajena necesitas entender el contexto y tener una visión global: hay decisiones que no tomas tú, por eso saber el porqué tienes que realizar una tarea te ayudará a realizar ese trabajo determinado.

Lo mismo pasa si emprendes: es igual de importante entender el contexto en el que te mueves, ver las acciones como parte de un todo para poder analizar en detalle cada una, hacer seguimiento de objetivos y métricas, e incluso iterar o pivotar llegado el caso.

No eres Frodo en su búsqueda del anillo, así que no te obceques y ten una visión global de lo que sucede a tu alrededor.

10. Aprendizaje experimental

Y última, pero no menos importante en nuestra lista, es la capacidad de aprender haciendo (“learn by doing”). Perder el miedo a realizar una nueva tarea, tener un nuevo cargo, empezar en una empresa y disfrutar del camino durante el aprendizaje es fundamental.

Si estás dispuesto a absorber cosas nuevas, a experimentar, y seguramente, a tropezarte por el camino, dispondrás de más habilidades para hacerte a ti mismo y conseguir la mejor versión de ti, tanto en tu carrera por cuenta ajena como si decides emprender un proyecto propio.

Aprender es una cuestión de actitud y es clave en contextos cambiantes como el actual.

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