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Quería un unicornio… consiguió un negocio sostenible

Siempre oímos hablar de los casos de éxito y de las compañías que se hicieron con el poder en los rankings y con la valoración de los mil millones de dólares, las llamadas empresas unicornio. Hasta hace poco parecía que eran el único modelo a seguir y todo lo que no concordara con ese éxito rápido se desechaba o se consideraba un fracaso.

Pero… ¿cuánto dura lo que sube muy rápidamente? ¿Crees que puede ser algo sostenible o que el ritmo de un unicornio encaja con tus valores?

El famoso Jim Rohn, hace ya décadas, aconsejaba siempre evitar los “asesinos del éxito”: la codicia y la impaciencia.  Y es que cuando empiezas un proyecto, siempre te va a llevar tiempo construir esa propuesta de valor.  Pero si logras aportar valor, si das lo mejor de ti y sabes pensar a largo plazo, verás los frutos de esa combinación en el tiempo, tanto en lo personal como en lo profesional.

“Lleva tiempo construir una obra de arte empresarial. Lleva tiempo construir tu vida. Lleva tiempo evolucionar y crecer. Así que date tiempo”. – Jim Rohn

Puede que descubras que no necesitas que tu startup alcance cifras astronómicas para ser feliz y aportar valor.

Para muestra un botón: la historia del creador de Gumroad, Sahil Lavingia, emprendedor inicialmente seducido por el capital riesgo y las altas valoraciones de empresa, que acabó creciendo y forjando su propio camino alejado del mundo de la financiación.

 

Gumroad: la etapa de ascenso rápido

Lavingia tenía 19 años cuando soñaba con emprender y documentar su camino hacia lo que consideraba éxito: empezó a escribir el libro “Construir una empresa de mil millones de dólares”, motivado por los ejemplos tradicionales de emprendimiento como Bill Gates.

Había aprendido a programar en el instituto, y se mudó a EE.UU. en 2009 para estudiar Ingeniería Informática en California. En su tiempo libre creaba aplicaciones móviles para alguna empresa, entre ellas Pinterest, que lo contrató cuando se estaba haciendo conocida.

En 2011 sucedió algo que cambió su rumbo: Lavingia diseñó un icono para una app móvil que nunca acabó de desarrollar, así que decidió vender aquel diseño, pero no encontraba dónde hacerlo. Le parecía un rollo configurar un sistema de carrito de compra para vender un solo artículo, y webs como eBay o Etsy vendían productos físicos, no digitales. Buscaba una app store para cualquier tipo de contenido y vio que había más gente que necesitaba lo mismo.

Así que, detectada la necesidad, se puso a trabajar en una solución: creó la primera versión de Gumroad y le dio salida publicando un enlace a su web desde Hacker News.

Gumroad permitía cargar un archivo, ponerle precio, compartir el link en redes y se ocupaba de gestionar el pago con tarjeta. Miles de personas fueron a su web a vender productos digitales como ebooks, juegos, fuentes, diseños, podcasts… Y esto llamó la atención de los inversores, nada menos que los famosos Craig Saphiro y Seth Goldstein.  La startup levantó 1,1 millones de dólares y al año siguiente obtuvo una ronda de $7 millones.

El crecimiento fue exponencial al principio. Lavingia pensaba que sería así todos los años y se veía escribiendo su libro…, pero en 2014 el ritmo se fue estancando. Vender productos digitales no resultó ser un mercado tan grande como había pensado.

Y estaba el problema añadido de los capital riesgo, que querían ver un crecimiento de un 20% al mes y todo lo demás les llevaba al pesimismo.

Lavingia entonces se dio cuenta de la situación, y empezó a temerse los despidos. Los inversores le aconsejaron que cerrara la empresa y que empezara de nuevo, prometiéndole que le apoyarían económicamente en su nuevo proyecto.

Pero a Lavingia le pesó más en la balanza el dar continuidad a su idea y no cerrar algo que podía seguir siendo el medio de vida de mucha gente. Y es que el e-commerce procesaba 2,5 millones de dólares al mes.

 

Aprendizaje de la experiencia

Por eso decidió no hacer lo que hacen muchas startups: vender o cerrar para pasar a otra idea.

Había descubierto que existen otras formas de medir el éxito de una compañía aparte de su valor neto, por ejemplo los millones que Gumroad lleva pagados a los creadores que confían en ella, o lo que pueda hacer por contribuir a un mundo mejor.

El equipo ha crecido hasta las 15 personas, pero tiene la esperanza de mantenerlo pequeño y sostenible, y no se plantea volver a conseguir financiación: para la mayoría de los pequeños negocios, una vez que te subes al carro de la financiación externa, es difícil bajarte y no medir tu éxito de la manera tradicional.

Con técnicas de bootstrapping, programas como Explorer, y siempre teniendo una visión a largo plazo y una mentalidad más slow y sostenible, puedes descubrir, como Lavingia, que existen otras formas de medir el éxito.

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